Una obra de arte sacro que captura un momento de profunda ternura y devoción. Esta escultura retrata a un pastor arrodillado, en un gesto de cuidado y amor incondicional, mientras acoge a dos corderos entre sus brazos. La expresión serena y contemplativa de su rostro, con la mirada baja, transmite paz y profunda humildad, invitando al observador a la reflexión.
Las tonalidades cromáticas están magistralmente elegidas: desde el cálido color terracota de la vestidura exterior hasta el tenue gris-azul de la túnica, todos los pigmentos se aplican con una refinada veladura. Este método de coloración, típico de la artesanía de Val Gardena, resalta la textura de la madera subyacente, confiriendo a la figura un aspecto opaco y natural.
Realizada en pregiada madera de arce, como es tradición para las estatuas de estas dimensiones, la escultura está finamente tallada a mano por nuestros maestros. Las líneas suaves, los pliegues profundos de la vestidura y el minucioso trabajo del vellón de los corderos confieren volumen y realismo, haciendo de cada pieza un símbolo tangible de fe e inigualable maestría alpina.