Una creación que celebra la belleza rústica y la habilidad artesanal de Val Gardena. Esta escultura representa un erizo estilizado en una pose amigable y sonriente. Su encanto reside en el potente contraste material y táctil: la cabeza y el hocico, cuidadosamente tallados en preciada madera de arce, presentan un acabado liso y claro que realza su expresión gentil y su ojo vivaz.
El cuerpo, en cambio, es una obra maestra de naturalidad: está realizado utilizando auténtica corteza de árbol, dejada en su rugosidad original. Esta textura oscura y profundamente acanalada evoca eficazmente las púas del erizo, haciendo cada pieza única. Con sus 14 cm de altura, este erizo es un pequeño tesoro artesanal, perfecto para infundir un toque de calidez alpina y simplicidad natural en cualquier ambiente.